El camino también sana
- Milagros Garcia
- 5 may
- 3 min de lectura
Hace algún tiempo que no sacaba un espacio para dedicarme a una de esas cosas que me gustan. Me gustan muchas cosas, por suerte, pero hoy quiero usar este espacio para escribirte algo.
A ti que hoy despertaste triste, desanimada o desanimado; a ti que miraste al espejo y viste a alguien sin sentir orgullo, y más bien una gran tristeza invadió tu corazón; a ti que lees esto,

quiero decirte, de la manera más trillada que conoces, que todo va a estar bien.
Y no quiero, a la vez, darte malas noticias, pero la verdad es que eso de “estar bien” no llega un día al despertar, ni pasa después del mediodía o en la noche. Lo cierto es que no tiene horario, y es tan curioso que, después de esperar tanto ese momento, cuando llega no sabes exactamente cómo fue.
Es como recorrer un camino de tierra con piedras y huecos, caminando bajo la lluvia, con viento, truenos y gritos que asustan. Pero luego de un tiempo de recorrido, ya no hay piedras, y cuando menos lo piensas notas que tampoco hay huecos. Pasa el tiempo, y sigue pasando, y de repente tu ropa ya está seca, ya no pesa, ya no llueve. La tierra ya no llena tus ojos de bruma que te hacía derramar tantas lágrimas; ya no sabías cuándo era lluvia o cuándo eras tú.
Un día, sin darte cuenta, todo ha cambiado tanto que incluso tú ya no eres la misma o el mismo. El camino es agradable, te sientes un ser humano pleno. Las rocas aparecen solo de vez en cuando, y ahora las esquivas; ya eres más cauteloso. Y cuando la lluvia cae, el agua ya no se queda en tu ropa por tanto tiempo: aprendiste a dejarla ir más rápido. Te mojas, sí, pero ya no es igual. Ya nada es igual.
Volver a estar bien no es solamente una decisión; más bien, empieza con la decisión de cambiar cosas. Son tantas cosas por cambiar, pero comienzas con una. Cuando esa se supera de manera natural, luego viene otra, y así, hasta que te conviertes en un ser nuevo, una persona que se mira al espejo y dice: cuánto tiempo ha pasado, cuánta historia que contar.
Esta vida está llena de experiencias. Algunas duran mucho tiempo, y a veces son tan dolorosas que parece que, el día que se van de tu vida, arrancan un pedazo de tu ser. Sin embargo, tu alma y tu corazón tienen la capacidad de regenerarse, de florecer una vez más, y no hay nada que lo pueda impedir.
Cuida tu camino. Sé fuerte. No siempre irás a través de la primavera; algunas veces serán fenómenos que te tiran al piso, que te inundan. Pero pasan, y cuando pasan, no hay más opción que seguir adelante: con tu atuendo roto, con tu corazón destrozado, pero hacia adelante.
Si quieres sentarte en el piso y respirar profundo, hazlo, pero que sea para tomar impulso y seguir. Despeja tu mente y llénala de aquello que la distraiga un poco. Tampoco se trata de vivir ignorando y no hacer frente a la realidad, pero a veces hay que descansar, aunque sea para pintar un paisaje o para cantar, a todo pulmón, dos o tres canciones que ames.
Qué bonito que ese mismo camino que un día te agarró, te tiró por todos lados y te arrastró sin que pudieras hacer nada, sea el mismo que hoy es testigo de lo grande y valiente que fuiste. De lo mucho que no creías que podrías crecer.
Ese camino que te formó, que un día dominaste y que ahora es tuyo: tu vida, tus derrotas, tu éxito, tu historia.
Ponle tu nombre, camina y cree siempre en ti.
Mily




Comentarios